BALI, un paraiso en el Trópico
Asfixiados por un calor húmedo, aguardamos un largo rato que nos entreguen las maletas en el destartalado aeropuerto de Denpasar, la pequeña capital de la isla de Bali. No hay aire acondicionado y vemos con espanto multitud de negros lagartos moverse por las paredes del aeropuerto como si fuesen moscas. En un viejo minibús, atravesamos la ciudad, avanzando entre una caótica circulación de motocicletas y muchedumbres de gentes que compran en puestos callejeros. Luego, salimos a las afueras. Hay un mar de cocoteros y laderas de arrozales escalonados de color verde intenso, donde se ven cebús cargados con sacos y niños cuidando manadas de patos que se cruzan en la carretera, obligando detenerse al conductor, que silba despreocupado la misma canción que emite un transistor colgando en el parabrisas del vehículo.
El hotel es otro mundo. Un portero con uniforme de almirante nos abre la puerta hacia un inmenso hall refrigerado, con inmensas cristaleras, macizos de orquídeas y mobiliario lujoso. Todos los visitantes son obsequiados con zumos de frutas multicolores La habitación es una suite de amplísimos ventanales con vistas a un mar de color esmeralda, bordeado por cocoteros que se alzan en la orilla de la playa, inclinándose sobre el agua. Son las seis de la tarde, y en pocos minutos se hace noche cerrada. En el ecuador, el paso del día a la noche es súbito, pero el sol se hundirá en el horizonte dejando un estallido dorado, violáceo, rojo... Entonces comienzan a oírse los ruidos de la selva tropical cercana, que inicia su vida cuando el sol ha desaparecido. Chillidos de monos, cantos de aves nocturnas, …
Cenamos en una terraza, a la luz de antorchas. El buffet tiene una inmensa variedad de exquisiteces con exóticos toques locales. Carnes de pato, de cerdo, pescados variados y unas langostas de aspecto sabroso, que resultan absolutamente insípidas, como todo marisco criado en las calidas aguas del Trópico. Entre los platos, guirnaldas de flores y esculturas de hielo. Luego sigue un espectáculo de bailes indonesios. La “danza del león” expresa la lucha del bien y el mal Las danzarinas, con larguísimas uñas y elaborados maquillajes se mueven narrando una historia que nunca entendemos, en la que el mal aparece con su máscara de horror, y la bondad se representa por el color rosa y blanco de la bailarina principal. Mientras, los músicos tocan grandes instrumentos formados con gongs y xilófonos que señalan los momentos de mayor intensidad dramática.
Nos advierten que no nos bañemos en la playa.
-- ¿Hay tiburones?
--No… pero los corales pueden cortarles los pies
--¿Y si llevamos calzado?
--Tampoco. Hay medusas muy venenosas.
Nos señalan el lugar donde todavía quedan los restos de un submarino japonés atrapado en los bajíos de la costa. Sus tripulantes lograron escapar pero, según nos dicen, aún deben quedar torpedos dentro de su casco. Pese a todo, vemos pescadores con barcas echando sus redes cerca del pecio, acostumbrados a la presencia del monstruo de acero hundido. Junto a ellos, algunos turistas practican el submarinismo.
Bali forma parte del archipiélago de la Sonda, escenario de las aventuras de Sandokán y los piratas de las novelas de Salgari. Fue una antigua colonia holandesa con plantaciones de caucho, que hoy perdieron toda su importancia comercial. En 1965, la isla sufrió matanzas indiscriminadas de gentes a las que se atribuyó un complot comunista. Los partidarios de Sukarno, ahogaron la rebelión en sangre. Dicen que los ríos bajaban rojos de sangre. Más de diez mil muertos, asesinados a machetazos dejaron una huella de odio en este plácido paraíso.
Aquí volvemos a ver pagodas y templos, con budas dorados y torres de flores a sus pies. Bali es un islote hinduista aislado dentro del millonario mundo musulmán de Indonesia. Hay monjes con túnicas de color naranja, dragones, dioses de múltiples brazos, budas sentados, torres puntiagudas o acampanadas… Las mujeres caminan con inestables torres de frutos sobre sus cabezas. Son ofrendas para sus difuntos. Por todas partes hay pendones formados por hojas de palmera, de variados colores, inclinados junto a las casas como una señal protectora. Multitudes de niños con dientes blanquísimos venden preciosas figuras talladas en madera de caoba o de hueso, máscaras y títeres de teatro o batiks, telas coloreados con las enigmáticas imágenes. También hay, a buen precio, caparazones de tortuga, estrellas de mar gigantes, dentaduras de tiburón, caracolas de extrañas formas, pieles de serpiente, artículos que hoy tienen estrictamente prohibido su comercio.
Visitamos algunos lugares con un guía. En un bosque considerado sagrado, los monos son venerados por los monjes quienes nos advierten de no llevar puesto nada que brille, porque los simios saltarán sobre nosotros arrebatándolo. Y en efecto, a muchos, les arrancan las gafas, los collares e incluso los pendientes. Sin embargo, todo es parte de un montaje, porque al final, el cuidador de los monos domesticados, previo pago de una propina, les echa unos cacahuetes y recupera las piezas.
En las aldeas hay mercadillos con pequeñas jaulas llenas de pajarillos, serpientes y cachorros de perros de raza indeterminada. Con horror nos informan que se venden como parte de deliciosos menús.
--Pero, ¿comen perros?
El guía no se extraña.
-- Si, los cachorros tienen la carne tierna. También hay cerdos, pero a los musulmanes les da asco.
Nos queda la tentación de comprar todos los cachorrillos y evitar que se conviertan en estofado.
Dominando el paisaje se eleva un volcán activo que derramó su fuego por última vez 20 años antes. Las corrientes de lava han dejado regueros oscuros entre la exuberante vegetación tropical. Uno de estos senderos conduce a Kuta donde se contempla una opuesta de sol de espectacular belleza. Recortada por la imagen de un templo asentado en un islote próximo, el sol se oculta en el horizonte, ante la vista de centenares de turistas enfocando sus cámaras.
Tuve la suerte de conocer Bali, antes de que fuese tragada por la vorágine de una civilización viajera ansiosa de buscar lujos lejanos. La isla, por aquellos años, era aún un paraíso, aunque ya amenazaba la invasión de las masas turísticas que la convirtieron en destino de moda en el sudeste asiático. Después se convirtió en lugar de exótico peregrinaje para casarse por ritos lugareños y convertirlo en un lugar donde el lujo y el esplendor del exotismo tropical se mezclan artificialmente.




Comentarios sobre BALI, un paraiso en el Trópico
Que viaje mas guay!. Yo voy a ir pero sin comerme los perros ni de coña
... pues yo, como tu acompañante, (supongo) si veo en el aeropuesto esos bichitos por las paredes. ¡Vamos! que me doy la vuelta. Como bien dices, hoy debe ser un "paraiso" de bodorrios.
Aunque la descripción de la isla está muy bien, a este viaje no me apunto.
Hace dos años visite yo tambien la isla de bali y yakarta. Yo creo q todo esta como en esta historia aunq con mas turistas. Compre un caparazon de tortuga q casi me lo incautan en Barcelona. Y recuerdo q comiamos langostas en la playa a un precio de risa
He visitado sudamerica y ahora quiero viajar a a Asia,visitar la India, Bali y tambien Singapur, y por lo k leo se me hacen mas interesantes. pero formare parte de las masas de turistas desgraciadamente.
No conosco Bali pero si he visitado Indonesia. Fue un viaje maravilloso con gentess simpatiquisimas y paisages de delirio. Tambien vi lagartos en el aeropuerto de Jakarta pero nos digeron que eran inofensivos, aunque daban mucho asco. Estuve tambien en la costa de Sumatra y años despues ocurrio lo del sunami. Seguro que todavia no se han recuperado porque los servicios publicos y la medicina eran un desastre
Que bello debe ser ese mundo. Le animo a que siga contandonos sus experiencias y esoero que agl dia llegue a visitarnos en Mexico